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Crónica de la Trágica muerte del Padre del Pueblo Vicente Mattei

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Era viernes 29 de septiembre del año 1967, día de San Miguel Arcángel cuando dieron la noticia del trágico fallecimiento del cura del pueblo, Vicente Mattei. En la radio sonaba una y otra vez el tema del momento interpretado por el cantante Cherry Navarro, los medios de comunicación le rendían homenaje póstumo al intérprete de “Aleluya” título de una canción que catapultó al joven artista fenecido el día anterior, cuya letra poética y humanista, refería sobre los episodios, a veces opuestos o contradictorios, entre la vida y la muerte y  melódicamente en su primera estrofa decía:

Una lágrima en la mano
un suspiro muy cercano
una historia que termina
una piel que no respira
una nube desgarrada
una sangre derramada.

¡Aleluya!

El contenido de la balada en su inicio encajaba con la circunstancia que estaba ocurriendo, la trágica muerte del Padre Vicente Mattei. La gente se resistía a creer la novedad que se regó al instante en todo el poblado, por eso desde diferentes sectores caminaron rumbo a la iglesia, algunos con la esperanza de que no fuera cierto, pero al llegar, el ambiente lo sugería: “Se mató el Padre Mattei” “Tuvo un accidente en las Galeras de El Pao” decían. Las damas se abrazaban a llorar, los hombres lo lamentaban, todos estaban consternados, realmente se sentía la impresión y el dolor de la pérdida con “la lágrima en la mano” pues el padre, con su forma tan espontánea de ser y el trabajo desarrollado a favor de los habitantes del lugar, se había  ganado el cariño de los pobladores. Allí permaneció la multitud llorosa esperando que lo trajeran, Chicho León (El Sacristán) subía a la torre del templo a dar los dobles de campanas que anunciaban la partida física de una persona.

Un Joven se encargó de llegar a la oficina telefónica que funcionaba en la casa de Amalia Flores, la telefonista dispuso de una cabina y rápidamente logró la conexión para la llamada a la catedral de Valencia, donde se encontraba el obispo de la diócesis, para ese entonces, Monseñor José Alí Lebrún. El joven, saludó, se identificó y repentinamente refirió:

-¡Se mató el Padre Mattei, en las Galeras de El Pao!, venía de El Baúl, con motivo de la celebración del día de San Miguel” dijo el muchacho casi a gritos y algo nervioso, “Sucedió esta tarde todavía no lo han traído” Solo alcanzó a decir aquello pues se cortó la comunicación, además tampoco tenía detalles que aportar, sobre el suceso.

Un autobús que pasaba esa tarde en dirección El Baúl Tinaco, pocos minutos después del volcamiento vio el accidente ocurrido específicamente en la curva de “la Leona” en el sector de la segunda galera de El Pao, pasando un puentecito estrecho, allí, en el fondo se encontraba el vehículo Dodge Valiant de la Chrysler del año 64 color azul cielo en el que viajaban el padre y dos damas  italianas. Solo una vivienda donde funcionaba una bodega se observaba a escasos cien metros del suceso, el conductor del autobús se estacionó para cargar a los heridos: “El padre iba muy mal, se quejaba de un fuerte dolor en el pecho, estaba todo ensangrentado, al parecer un bloque de concreto que conformaba la defensa del puente le cayó encima” contó Don Pedro Sabas Pérez, uno de los que participó auxiliándolo.

Al llegar al hospital de Tinaco el Padre no tenía signos vitales, las dos jóvenes misioneras laicas una de nombre Carla Bálsamo presentó herida en la cabeza que ameritó algunos puntos de sutura y fractura en la clavícula por lo que además fue enyesada; mientras que la segunda, Margarita Marchegiani, tuvo algunos golpes y hematomas que le producían fuerte dolor en la columna. Ambas eran maestras y habían venido de Italia hacía algunos meses a respaldar la labor emprendida por el sacerdote como fue la creación de una escuela preartesanal, que se construyó con el apoyo del Concejo Municipal y se inauguró dos años antes del fatal suceso, para llevar a cabo cursos de herrería, carpintería, corte y confección, bordado y repostería, tan necesarios en un pueblo donde el nivel de formación de la inmensa mayoría de sus habitantes llegaba hasta el sexto grado. Las damas quedaron al cuidado de la señora Rosa de Boffelli, quien además de ser paisana de las muchachas, estaba muy vinculada a la labor de la iglesia, las misioneras estuvieron en su casa el tiempo que duró la convalecencia.

En una caja Doña Mariana recibió la sotana  ensangrentada del Sacerdote para lavarla, una comisión del Concejo Municipal, en la patrulla de la policía se trasladó al lugar de los hechos, mientras que otras personas como Don Pablo Méndez y Don Carlo Boffelli lo hicieron por su cuenta, encargándose este último de todas las diligencias ante los organismos de tránsito, para el traslado del vehículo y el respectivo procedimiento del caso.

Antes de caer la noche el obispo de la diócesis Monseñor José Alí Lebrún Moratinos había llegado de Valencia y estaba en la iglesia presidiendo los actos velatorios. Sin haber traído el cuerpo del difunto un grupo de señoras rezaban los misterios dolorosos por el alma del apreciado sacerdote, por su parte Monseñor Francisco Miguel Seijas ya había concedido la autorización para sepultar al párroco en la iglesia Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Tinaco, en el lado lateral izquierdo del templo. Otra comisión de mujeres encabezada por las hermanas Sosa preparaban el chocolate en la casa parroquial recién remodelada; una iglesia unida, organizada y agradecida, se encargó de todo lo concerniente a los actos fúnebres, en donde cada persona tenía una función importante que cumplir.

Las dos filas de los bancos estaban repletas de personas, incluso había gente de pie, en el pasillo central, frente al altar mayor colocaron la urna. Una alfombra negra, tradicionalmente empleada en estos actos cubría el piso, cuatro candelabros estaban dispuestos a manera de capilla ardiente, con suficiente espacio para que los feligreses acudieran a dar el último adiós al Padre. Menguaba la luna la noche del velorio que transcurrió con mucho movimiento entre la iglesia, la casa parroquial, e incluso la plaza, algunos se fueron muy tarde a sus casas, para volver en la mañana del día siguiente, sin embargo un numeroso grupo de parroquianos amaneció en el templo.

En el pueblo los regentes de los botiquines cerraron sus negocios sumándose al duelo decretado por el Ilustre Concejo Municipal firmado por su presidente el Señor Aníbal Montagne y el Secretario Señor José Ignacio Moreno. En cada lugar se comentaba lo del accidente lamentando el fallecimiento del cura, quien venía cumpliendo una gran labor tanto evangelizadora como social.

A primera hora, mientras proseguía el velorio, el Señor Isidro Gallardo y dos ayudantes de albañilería, cavaban el hueco como había quedado establecido, en el lado lateral izquierdo del templo, mientras la gente formaba una fila con orden y disciplina pasando uno a uno para ver por última vez al pastor de la iglesia católica que tanto bien había hecho a la comunidad sin poder evitar el llanto, las mujeres con sus velos negros murmuraban oraciones, los hombres con su traje formal y actitud compungida seguían a paso lento la procesión del saludo final. No faltaron las elocuentes palabras de Don Francisco María Arias, quien exaltó la labor cumplida por el Padre Mattei desde su llegada al pueblo en el año de 1962, destacando entre ellas la ampliación de la casa parroquial, la reparación de la iglesia, el nuevo altar en mármol y una obra en particular en beneficio de la formación de la juventud como fue la creación de la escuela preartesanal.

Y en una metáfora resumió la obra del Párroco: “Hoy despedimos al sacerdote que predicó la palabra que fortalece la fe, él como el divino de Asís en las veredas solitarias de su vida ejemplar buscó al hermano lobo, no para dañarlo sino para protegerlo, digna misión de apóstol, noble y generosa, porque practicó el bien a manos llenas, porque supo ganarse el cariño de un pueblo que lo llora, por eso su recuerdo vivirá siempre con nosotros”.

A las 5 de la tarde del día sábado 30  de septiembre fueron las solemnes exequias a cargo del Obispo de la diócesis Monseñor José Alí Lebrún, acompañado de Monseñor Francisco Miguel Seijas y los sacerdotes de las diversas parroquias del estado. Emotivas resultaron las palabras del Obispo durante la homilía que iniciaron haciendo un recuento de la vida en la Tierra de  un servidor de Dios, el Padre Vicente Mattei, quien había nacido en en Chiaramo D´ Arco en Italia el  21 de enero del año 1905 y ordenado de sacerdote a los 26 años en junio de 1931 en el Instituto para las Misiones de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús en Bologna (Italia), poco tiempo después fue enviado como misionero a Camerún, África allí estuvo durante 20 años y luego regresó a su tierra natal en 1953, posteriormente se vino a Venezuela en 1960, siendo asignado como Párroco en la iglesia San Miguel Arcángel de El Baúl, población con la cual mantuvo cercanía, pues venía de allí de celebrar el Santo Patrono de ese lugar, cuando ocurrió  este lamentable accidente.

Hizo también el prelado alusión a la labor de los evangelizadores señalando que los misioneros de África han sido hombres y mujeres apasionados por anunciar la buena nueva; ser misionero en África, o en cualquier parte del mundo es una vocación que pide mucho amor y una voluntad firme para llevar a cabo la misión que Dios nos invita a vivir. Esta misión de Dios habla de solidaridad y de justicia, de apertura y profundo respeto a otras culturas y a las diversas maneras de entender la vida, ser misionero es, ante todo un don de Dios, un don que se discierne y se hace de maduración y de formación y eso lo tuvo el padre Vicente Mattei, pues se dedicó por completo a su misión, por el bien de los demás, por el bien de este pueblo, y de todos los lugares donde estuvo, por el bien de los más pobres, de los más necesitados. Dijo.

 Luego del Réquiem, en latín,  y en medio del llanto de los feligreses se procedió a dar cristiana sepultura, en la fosa ya dispuesta. La canción en boga seguía teniendo que ver con la ocasión en algunas de sus partes: “quince gritos que suplican, una tierra que palpita”, “una llama que se apaga, una vida que se acaba”,”unas flores en mi tumba, siempre nunca, nunca, nunca” refería el autor de la pieza poética y musical.

Durante los nueve días siguientes gran cantidad de personas se congregaban a las 6 de la tarde a rezar en la iglesia, al cumplir un mes habían colocado la lápida, contentiva de una inscripción en nombre de todo el pueblo donde se alude a la labor desarrollada por el padre como misionero y servidor de Dios y de los hombres, luego, año a año, cada 29 de septiembre se conmemoraba en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Tinaco el día de San Miguel y el de la muerte del Padre Mattei, así lo hicieron durante un tiempo sus sucesores, los presbíteros: Lorenzo Venni,  Pablo Pásseri, y Miguel Ciccenía.

A partir de aquel acontecimiento la gente comenzó a llamar el sitio donde se mató el padre Mattei como “La curva del Cura”. En el semanario Lampos Tinaqueros quedó reseñada la noticia del sepelio, las amarillentas páginas del “decano periódico” sirven como documento de referencia en el tiempo a más de 50 años del infausto suceso, sin embargo escudriñando en la memoria de los lugareños, los que eran niños o jóvenes en aquella época, recuerdan anécdotas de momentos compartidos con el difunto sacerdote que remiten a la forma de ser tan particular del  aún recordado Padre Mattei:

“A mí me casó él, parecía muy serio, pero era muy alegre y servicial, él fue a la celebración de mi boda, cuando se vino se cayó de la bicicleta y se raspó las rodillas”. Refirió entre risas nostálgicas Doña María

“Era una bella persona, se daba con todo el mundo, con los jóvenes, con los viejos; bueno, con nosotros hasta jugaba carnaval” Dijo la señora Rosamalia, algo emocionada con la evocación.

“Cuántas obras sociales hizo el padre Mattei, salía, visitaba a la gente, atendía a los más necesitados, sobre todo con ese programa de “Cáritas” repartía comida, logró la escuela preartesanal, acomodó la iglesia y la casa parroquial”  Señaló con vehemencia la Señora Rosario.

“Cómo no se va a acordar uno, si era un padre muy bueno, se dio a querer, sabía mucho, bueno estuvo de misionero en África un largo tiempo, imagínese usté” Destacó sonriente Don Leoncio

“No excluía a nadie de su iglesia, escuchaba y compartía tanto con el rico como con el pobre, con el letrado como con el que no sabía leer  ni escribir, con las personas de buena reputación, como con las que eran señaladas por la sociedad; porque siempre decía en su sermón: “El que esté libre de pecado que lance la primera piedra” Resaltó con ahínco el Señor Doménico

Y el tema, que sonaba cuando dieron la noticia de la muerte del padre Vicente Mattei parecía cobrar sentido y vigencia pues “La sonrisa de un recuerdo y el dolor de un tiempo abierto del mañana siempre incierto” adquiría un significado, en el coro de la canción que decía: “Estas son las cosas que me hacen olvidar, este mundo absurdo que no sabe a dónde va”.

Pier Angelo Boffelli Verri

Nota: La Canción “Aleluya” fue escrita por el músico y poeta español Luis Eduardo Aute e interpretada por el cantante Cherry Navarro en el año 1967

Agradecimiento a los Informantes: Doménico, Giuditta, Rosa y Mario Boffelli, Rosamalia Vilorio, María Cordero, Rosario Marciano, Argenis Agüero, Bernardo Sosa y  Leoncio Jaime.

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